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La sevillana, que sigue sin visitar a Julián Muñoz en la cárcel, vuelve a mostrarse compungida en escena, quizá triste por la pena de no ver a su amado. Sin embargo, parece que al público portugués no le convence esta pose victimista, y no comulga con ella a la hora de mostrar entusiasmo. De hecho, los aplausos que dan no son demasiado efusivos, parecen de compromiso.
Isabel se cambia de traje tres veces, algunas veces con más fortuna estética que otras, y trata de hacer partícipe al respetable de sus letras, sin éxito. Hay gente que incluso se ríe cuando ella no puede contener las lágrimas encima de las tablas, aunque la Pantoja sigue dándolo todo al son de la música.
No siempre es fácil conquistar al respetable, y quizá la menor repercusión mediática de las penas de la cantante en el país luso haya provocado que los ciudadanos de Elvas no hayan hecho intención de acudir a la performance de la intérprete.
Apadrina un niño, ¡te necesitan!
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